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EL CHANTAJE EMOCIONAL

Paola Minetti

Psicóloga. Especialista en Pedagogía Montessori

Un día Nina con 3 añitos me dijo: “Si no vamos al parque ahora, no te invito a mi cumpleaños” ¡Chan! Por muy graciosa que pueda parecer la frase, escuché una estrategia extorsiva muy bien aprendida y usada adecuadamente. Había ahí algo que acoger sin enfrentar y vínculos que revisar de manera urgente entre los adultos.

Por diferentes vías me han llegado artículos sobre este temón y temazo. He observado tantos episodios de descarada violencia y coerción hacia niños que considero necesario continuar visualizando el tema.

Lo que más me alarma de verdad, no es tanto el chantaje en sí, que de por sí es grave, sino la frecuencia y la facilidad con la que recurrimos a su uso, sin tener conciencia que lo estamos haciendo o peor aún, tomándolo como una herramienta válida y de apariencia efectiva en el acompañamiento de la gestión de las emociones.

Aunque a muchos les parezca exagerado, se siguen utilizando amenazas como “Si no te dormís, el cuco que está debajo de la cama te viene a buscar” Cómo si el dormir fuera simplemente un acto voluntario, cómo si el miedo fuera el antídoto para serenar la excitación del día ¿Se preguntaron por qué tanta gente necesita ansiolíticos para dormir o que “simplemente” sufre de insomnio? Obviamente esto no es 2 + 2 pero puede ser la punta del ovillo.

Otro chantaje que no resiste justificación es: “si dejás de llorar, te compro caramelos” Chan al cubo, el mensaje: los momentos tristes se “solucionan” con comida, si es azucarada mejor ¿hay ahí alguna herramienta válida que le estemos brindando para la solución de un conflicto? Indiscutiblemente NO. Solo futuros adultos que probablemente recurran a comer ansiosamente sin saber porqué en los momentos difíciles los transitan masticando sin parar.

Probablemente, ponerlo en un plano simple y lineal sea un reduccionismo, hasta casi absurdo, lo admito. De todos modos aspiro que reflexionemos sobre cómo nos conectamos emocionalmente con nuestros hijos, muchas veces lo hacemos desde el miedo. El peso de las palabras en el psiquismo en constitución de nuestras amadas crías, puede ser indeleble de no estar nosotros conscientes.

No es lo mismo decir “ya te dije mil veces que te vayas a bañar, si no vas al baño te apago la tv” a decir “¿te parece que luego del baño miramos tv?” o “Si no salís del arenero ya, te vas a quedar sola acá” a decir “¿querés seguir jugando en el arenero? Si, a mí también me gustaba mucho jugar ahí cuando tenía tu edad. Pero pronto nos tenemos que ir, jugas un ratito más y luego nos vamos ¿te parece?”

La forma en que lo decimos es cualitativamente distinta y significativamente amorosa y respetuosa. Hay como un acuerdo tácito y perversamente implícito que acepta brindar un trato irrespetuoso y hasta violento con nuestros niños ¿Por qué aceptamos tratar a nuestros niños como no lo haríamos con otros adultos?

En otro post les cuento en que terminó la invitación al cumple de mi hija y de dónde venía ese aprendizaje.

 

¿EXISTE LA SANA COMPETENCIA?

Paola Minetti

Psicóloga. Especialista en Pedagogía Montessori

 

¿Es real la posibilidad que cuanto antes “entrenemos” a nuestros niños en un sistema que le exige siempre sobresalir o destacarse serán exitosos? En todo caso ¿cómo medimos el éxito?

María Montessori hablaba de crear un “ambiente en comunidad” como uno de los pilares fundamentales del ambiente preparado. Cuidar que la solidaridad genuina en la infancia surja, crear o mejor dicho ser las guardianas para que esto suceda debe ser nuestra tarea.

Tenemos tan arraigadas nuestras costumbres competitivas que las usamos todo el tiempo, hasta en ocasiones sin siquiera saber que las estamos usando y sin medir la exigencia que estamos cargando sobre nuestros niños.

Frases “sonsas” como: “El que llega primero” “El que primero hace silencio” “El que mejor se sienta” “El primero que termina” (esta frase es terrible, porque además de la competencia se sobrevaolra la rapidez) O dar fundamental trascendencia al sistema de calificaciones escolares (vean el post de los malos alumnos) Un sistema rebuscado que promete la falsa idea del éxito en la vida al obediente, rápido y memorioso.

La competencia los aleja de lo esencial, de poder distinguir aquello que le produce satisfacción por el solo hecho de transitarlo. Desviamos el objetivo y mostramos que no importa si te gusta, lo disfrutaste o si es necesario pensar algunas cuestiones sobre tal o cual actividad. Lo más importante es llegar antes que el compañero, anular el error que pudiera producirse y no colaborar si alguien necesita ayuda por ejemplo en una evaluación. Cuando, inmediatamente después también y con la misma cara, les pedimos que deben ser solidarios y compartir.

Este es el triste mensaje que damos, luego arrastramos estos “vicios” de adultos y nos lleva muchos años para dar ahí, en el blanco, distinguir y hacer lo que nos gusta, ya sea como trabajo o pasatiempo.

En los primeros años de vida, dar herramientas válidas de resolución de conflictos y brindar recursos emocionales es aquello que como adultos criando o acompañando, no debemos perder de vista. Ya les tocará inevitablemente en este mundo de brutal velocidad ponerse a competir, que no tengo dudas, que un niño emocionalmente contenido podrá sobrellevar sin mayores conflictos.

Un pensamiento crítico (me refiero no a la obediencia por la obediencia misma) y tener la conciencia de identificar sus malestares emocionales cuando acontezcan es poder salirse del rebaño y saltar el redil para acompañar con bailes, actividades físicas, lecturas, escrituras, miradas sencillas, placeres diarios, es el valioso aprendizaje que ofreceremos. El resto está todo en google y si no está, estará pronto.

Saber, que desde que somos parte de este inevitable sistema social nos obliga a renuncias constantes, pero si renunciamos a los lazos de amor, besarnos, cuidarnos y respetarnos, este mismo sistema del que queremos ser parte nos fagocita y también a nuestras crías.

No nos apuremos, que cuando sean mayores lo inevitable acontecerá y si los encuentra emocionalmente contenidos, ellos podrán con lo que elijan. Mientras tanto, confiemos en nuestros hijos. “Antes no es mejor” y si no están psíquicamente listos, hace daño.

 

 

EL PELIGRO DEL MÉTODO MONTESSORI

Paola Minetti.
Psicóloga – Especialista en Pedagogía Montessori.

EL PELIGRO DEL MÉTODO MONTESSORI ¿Cuál es? El peligro es creer efectivamente eso, un método infalible. Te lo digo así, cortito y al pie y sin pelos en la lengua, o en este caso mejor dicho… sin guantes en los dedos.

Cuando hablamos estrictamente de un método, la lengua española nos refiere a un “modo ordenado y sistemático de proceder para llegar a un resultado o fin determinado” o “procedimiento que se sigue para conseguir algo” entre otras definiciones de la palabra método.

No me explayaré sobre cómo llega a difundirse y conocerse esta filosofía cómo “el método Montessori”. Si bien es cierto que en el aspecto pedagógico hay un procedimiento metódico que debe ser respetado para el uso de los materiales, por momentos me da la impresión que se transmite o mal transmite la idea que “aplicando el método a rajatabla” al modo de fórmula matemática, el niño una vez que haya transitado su infancia, será un Mark Zuckerberg o un Larry Page o incluso un Gabriel García Márquez (todos ellos han asistido a escuelas Montessori).

Ofrecer una institución respetuosa, es solo un granito de arena en el desierto, si lo comparamos con todo lo que podemos ofrecer a un niño o una niña en la primera infancia. Porque la pedagogía por sí sola, no produce infancias, no modifica vidas ni mucho menos sustituye el lazo de amor fundante y fundamental de los padres.

Un niño necesita: upa, besos, confianza y tiempo, “tiempo de jugar que es el mejor”. Límites puestos con amor y no chantajes disfrazados de conveniencias. Seguridad, promesas cumplidas y cero expectativas sobre sus desempeños y preferencias. Necesita de adultos empáticos, que le hablen con un lenguaje sin metáforas o supuestos. Madres que defienden y creen siempre. Y si se caen y se golpean, una adulto que amorosamente les diga: “vení, te abrazo mientras te alivia un poquito” y no un “¡te lo dije!”

Saber que nuestros hijos atravesarán momentos de angustia y críticos pero que se sepan acompañados, comprendidos y validados será de los mejores aprendizajes para sus vidas.

En resumidas cuentas y para no extenderme más, hay momentos que entre tantas consultas que recibo en los talleres y por las redes, me queda el sin sabor de sentir que los consultantes esperan más, precisamente la fórmula del método. Si tal cosa existiese, no sería Montessori.

Por eso no es de un método tal como lo entendemos en la legua española o del ABC de los que estamos hablando aquí. Estamos viviendo una filosofía, una forma de entender y vincularnos con las infancias, una forma de vivir. Intentamos, claro, ser lo más fiel que podemos a nuestra mejor versión, junto a cuestionamientos, idas y vueltas, contradicciones, dudas, volver a comenzar y no perder el norte que siempre siempre estamos de su lado.

Les aseguro, que aún si lográramos poder transmitir una forma de criar como un método, no lograríamos asegurarnos el bienhacer del mapaternar.

Y HABLANDO SOBRE LAS MENTIRAS EN NAVIDAD

Paola Minetti
MontessorisArte

En esta oportunidad quise escribir sobre el tema. Pero la verdad es que a mí en casa me ha salido bastante mal, o al menos lejos de lo que yo pensaba que sería. No me habilito a decir “lo que hay que hacer” pero les quiero compartir sí, mi experiencia.

Cuando conozco otras historias similares de quienes nos cuestionamos sobre “decir la verdad o no” hacemos una mezcla extraña entre lo que nos hubiese gustado a nosotras de niñas, nuestro sistema de creencias, nuestro atravesamiento teórico y la escucha de nuestros niños. Entre tanto collage, sale lo que sale. Les cuento nuestra historia:

Resulta que fiel a mi formación y aún novata madre, para no generar tanta pantomima con el tema cuando Nina tenía 4 años le digo que Papá Noel, vivió hace muchos muchos años en un país donde hacía mucho frío y en realidad se llamaba Nicolás y que era un señor que una Navidad salió a repartir regalos. Nina, no me dejo terminar, con cara muy seria me dijo: ¡mentira¡ No pude siquiera llegar a la parte que el traje era verde y que después coca cola se lo cambió a rojo!! Es decir, lo que a mí más me interesaba que supiese, no me lo permitió!

Obviamente no continué, ella eligió. Compartiendo con otras madres he conocido historias de las más bellas:

Candela conversando con su amigo Vicente: ¿podés creer que mi mamá no cree en Papá Noel? Con ella me he reído muchísimo ¡Qué mamá más desubicada!

Gabriel le pregunta a su madre: Ma ¿Papá Noel existe? __ Si vos lo crees, existe  __ Entonces sí. Muy sabia la respuesta de esta mamá. Lo que crees, creas.

Claramente, en esta oportunidad toda la información del medio y del resto de la familia hizo su trabajo y no está mal. Aprendí nuevamente que no siempre el traje de psicóloga sirve con mi hija, o casi nunca y que como Montessori decía “Sigan al niño” es la opción más sabia.

Tal vez no sepa compartirles que se debe hacer, pero sí, que no  se debe decir:

“Si te portas mal, Papá Noel no viene” ¿Se imaginan ustedes tener la insoportable presión de tener que hacer todo siempre bien para poder alcanzar lo que desean? El portarse mal o bien no es voluntad del niño, esto está atravesado por otras cuestiones que no mencionaré en este artículo, pero que sí, los adultos tenemos mucho que ver.

“Yo le voy a avisar a Papá Noel que hiciste o no hiciste tal o cual cosa” Que sensación más paranoica sentir que hay un hombre que nos observa todo el tiempo y en todo lugar.

“Yo te cuento que Papá Noel no existe, pero no le podes contar a los demás niños” Es una responsabilidad muy grande para un niño, tener la certeza de una revelación tan importante para sus grupo y no poder compartirla, es confundir a un niño con un adulto.

SOBRE LAS DISPARATADAS FIESTAS DE FIN AÑO DE LAS QUE POCOS DISFRUTAN

Ps. Paola Minetti
MontessorisArte

¿Realmente creemos que todos los niños disfrutan de estas fiestas? Les aseguro que no, me atrevo a
decir, sin haber realizado ningún tipo de estadística, que esas mega celebraciones pocos la
disfrutan. Es un espacio pensado por adultos, para adultos en los que se utilizan a los niños con el fin
de causar una gracia, que en general no acontece. Exponemos a nuestros niños a situaciones
totalmente extraordinarias, en escenarios, luces, música muy fuerte, a ropa incómoda y calurosa…
Padres y abuelos desde el otro lado, agolpándonos para una foto mal sacada y ansiosos por ver a
nuestros niños buscándonos y no nos ven ¡claro! Desesperaciones creadas, no se sabe bien para
qué…
Nada de lo que ahí sucede les brinda un aprendizaje auténtico y significativo, no es una práctica que
puedan fácilmente capitalizar. Ellos lloran, no “actúan” (por suerte), no lo disfrutan (en su mayoría),
registran una mala experiencia del teatro y terminan creyendo durante muchos años que la
actuación es eso: ropa que pincha, repetir de memoria un texto o un baile con el que no se
identifican ni los aloja ni eligieron. Amenazas de los padres que “si no actúa se queda sin juego” o
“que si actúa será poseedor de un helado” Chantajes emocionales de los más viles, ni hablar cuando
en las negociaciones ponen en juego la alimentación. Un escenario dantesco teniendo a niños
tristemente protagonistas.
Ser padres y adultos conscientes es entre otras cosas es no repetir al menos sin cuestionarnos, estos
espacios instituidos y apelar al tibio y mediocre consuelo “siempre fue así”.
De todos modos, estas instancias institucionales van a seguir existiendo, al menos por un tiempo
más. Es por esto que les sugiero:
 No obligues a tu niño a participar si no lo desea.
 Quien debe manejar la frustración es el adulto, si no desea participar no significa que sea
portador de patología alguna.
 Jamás utilices premios y castigos para persuadirlo. Terminará haciéndolo por miedo o para
agradarte, no lo hará por el placer de compartir. Además no le estás brindado herramientas
para una gestión efectiva de las emociones, al contrario!
PD: otra es la historia, del uso de disfraces en casa, dentro del ámbito familiar, o incluso si desean
salir a la calle con alguno de estos trajes elegidos por ellos.

LA ENCICLOPEDIA DE LOS MALOS ALUMNOS

Paola Minetti
MontessorisArte

El título me resonó hasta el tuétano y sin exageraciones. No pude resistir la tentación de comenzar a leer quienes eran “los malos alumnos” antes de pasar por la caja. No sé si esto tiene que ver con la emoción de encontrar escrito con nombre y apellido que las calificaciones en la escuela no alcanzan a definir el Ser (alguien) o, por el contario, despabilar ese monstruoso recuerdo de mi tránsito por la escuela donde el mundo se dividía entre los malos y buenos alumnos.
Mientras me defino, o quizá tampoco logre hacerlo, les cuento que en la lista de los malos alumnos de esta enciclopedia se encuentran: Charlie Chaplin, Salvador Dalí, John Lennon, Albert Einstein, entre otros.
En lo que llevamos leído, entiendo que los autores no escribieron lo que yo quería leer ¿qué difícil no?
De todos modos me viene bien para escribir sobre un tema que hace tiempo tengo ganas: y es sobre el peso que le damos los adultos a las calificaciones de las libretas de nuestros niños. Nos detenemos a tal punto en ese determinismo absolutamente circunstancial, que nuestros hijos terminan creyendo que esas notas SON exclusiva e inevitablemente ellos mismos, que los define y en muchos casos los determina para la adultez.
A nuestra generación y anteriores, nos ha llevado años descubrir quiénes somos en realidad. Despegarnos de rótulos de la infancia con los que nos han bautizado muchas veces bienintencionadamente, saber que no debíamos responder siempre y en todo momento a la etiqueta de mejor alumno para ser aceptados o que el título de vago, distraído o irresponsable no era válido para todos los aspectos de nuestra vida, ha sido para mí un denodado trabajo emocional, muchas veces doloroso, tenaz e intenso. Por supuesto liberador también.
Las calificaciones de la libreta se han arraigado tan fuerte, que se le da una importancia fundamental, trascendente. Cuando en realidad no evalúan más que la memoria de nuestros niños, no aportan habilidades ni destrezas para la vida ni mucho menos, les brinda herramientas de resolución de conflictos válidas.

Sepamos que nuestros hijos y alumnos son mucho más que esa calificación que la docente debió usar inevitablemente. Ni premios por un excelente, ni castigos por un no sati.

Kindergarten Ruth Plaut en Cabarte, al norte de República Dominicana.


Ella es Eneyda Eneyda @Eneyda quien junto a su esposo Gideon fundaron y coordinan el Kindergarten Ruth Plaut en Cabarte, al norte de República Dominicana.

En mi recorrido por las escuelas de esta isla, me encuentro con este auténtico proyecto de amor y generosidad.

Ellos trabajan con niños de la zona y que sus familias viven de manera estructural el aplazo económico del país.

Si bien acompañan a estas familias desde una pedagogía tradicional, es decir, no es lo que conocemos como escuela Montessori, considero valioso y vital dar difusión a esta actividad que se lleva a cabo desde hace 12 años en el absoluto anonimato y con el esfuerzo colectivo de muchas voluntades y el apoyo económico y humano de voluntarios, que generalmente los visitan desde el exterior.

 

Ellos reciben grupos que están dispuestos a ayudar en el proyecto desde el lugar que puedan y quieran. En el video, lo explica con detalles la dinámica de las visitas.

En ese lugar donde está hecha la entrevista, pueden alojarse por una tarifa especial para los voluntarios del #kindergartenRuthPlaut

Justo sorprendí a Eneyda lista para recibir a los comensales del blue moon un restaurante indú de comida deliciosa donde ella misma cocina y los recibe con ese atuendo tan bellamente oriental.

Para más detalles pueden escribir a Eneyda Reyes eneyda2000@yahoo.com

PODES SER VOLUNTARIA EN ESTA ESCUELA MONTESSORI DE REPÚBLICA DOMINICANA

PODES SER VOLUNTARIA EN ESTA ESCUELA MONTESSORI DE REPÚBLICA DOMINICANA. Ella es Farah, guía Montessori de primaria de 3 Mariposas Montessori. Esta escuela de la costa norte de República Dominicana se autogestiona y ofrece educación de calidad a los niños de la zona.

Sarah, hoy la directora,  una joven estadounidense licenciada en Ciencias de la Educación, vio un espacio compartido cuando esa casa donde funcionan estaba abandonada, hace ya 9 años. Hoy es una escuela que aloja a más de 40 niños todos los días y además de un lugar de pertenencia, ofrece meriendas y educación de calidad.

La escuela se sostiene por donaciones internacionales de dinero y materiales y por sobre todas las cosas,  el empeño de docentes y padres. Además del dinero que a veces reciben, parte del alumnado, quienes pueden, abona una cuota mensual. La precisa administración de Sarah, que también es directora académica,  hizo que 3 Mariposas Montessori tenga un nombre, recorrido, permanencia y sea referencia en la comunidad de Cabarete.

Farah, la joven que me acompaña en la foto, llegó desde Haití hace 5 años sin hablar español, ni inglés. Hoy está a cargo del primer grupo de primaria de la escuela y es del equipo de guías de tres mariposas montessori.

Esta escuela recibe voluntarios todo el año, ellos no pueden ofrecer dinero ni el pago del traslado, pero si tenes la oportunidad de llegar hasta aquí y permanecer un tiempito, podes coordinar con Sarah la colaboración en la escuela y conocer desde el corazón el funcionamiento y organización de este espacio.

Podes contactarte con Sarah a sarah@3mariposasmontessori.com y ella te brindará toda la orientación que necesitas conocer sobre el lugar y posibilidades de trabajar junto a ellas. También podés escribir a ese mail si deseas realizar una donación.

El tránsito a un espacio “montessorizado”: sobre los errores que se cometen en el camino.

Asumir el desafío de incorporar estrategias de la pedagogía Montessori a nuestros espacios, nos convoca a realizar una compleja revisión sobre nuestro quehacer diario, identificar respuestas automáticas que frecuentemente tenemos para vincularnos con nuestros niñ@s y estudiar desde los orígenes, es decir, desde los textos de María Montessori, todo lo concerniente a la filosofía montessoriana, será un buen comienzo.

Muchos espacios e instituciones han llegado por diferentes caminos e interrogantes a este punto, que aunque es muy alentador, la decisión exige un trabajo psíquico, intelectual y por supuesto concreto, para llevarlo a cabo. Aunque en este artículo no ahondaremos en este aspecto, se trata fundamentalmente de una filosofía que desborda las aulas.

Aun así, el acercamiento siempre es desde diferentes lugares: ya sea para incorporar herramientas pedagógicas concretas y efectivas, porque consideramos que nuestro quehacer hace agua desde los rincones o las bases, porque lo venimos haciendo desde hace tiempo sin haberlo enmarcado aun en un encuadre teórico o porque por algún motivo, nos resuena desde lo más desconocido de nuestro ser.

El entusiasmo en la implementación, muchas veces hace que se cometan errores que pueden terminar generando frustración, principalmente entre los adultos. Esta situación es común, y la hemos observado en las recorridas por jardines y otras instituciones.

Es por esto que tuvimos la inquietud de escribir sobre este tema, ya que al poner la lupa en estos “errores”, se despejarán conceptos y prácticas que ayudarán a bajar las expectativas sobre la “eficacia inmediata” o la “receta mágica”, hacer foco en lo fundamental, alentar a reparar y seguir adelante.

Hemos concentrado en este texto 3 de los errores más frecuentes que se comenten al inicio de este camino:

  1. El contenido de la filosofía queda relegado por la estética del ambiente.

El “ambiente preparado” es cautivadoramente bello, pero no es sólo esto.  No se trata de bajar los muebles y pintarlos de blanco, verlo desde esta óptica sería lineal y reduccionista.

El ambiente preparado es esa belleza y mucho más aún.  Es enfocar los cambios físicos del espacio al cuidado emocional y respetuoso de los niñ@s. El orden establecido llama a la exploración, invita al conocimiento a merced de una experiencia sensorial, y así, cuando resulte propicio, el aprendizaje acontece.

Ofrecerles a los niñ@s un ambiente, donde puedan moverse con espontaneidad, transmite la seguridad de poder decidir por ejemplo, trabajar en el piso o sobre una mesa, o dónde transportar una silla o un objeto de vidrio, muestra en acto, la confianza que debemos tener siempre en ell@s.

No obstante, no olvidarnos que el objetivo del adulto dentro del ambiente es llegar a ser solo uno más, dedicarse a la observación para acompañar a cada un@ en sus necesidades inmediatas y de desarrollo.

  1. Desestimar la importancia del Área Vida Práctica.

Las actividades de esta área son equiparadas en el imaginario popular a las tareas domésticas: barrer, lavar platos, sacar polvo de objetos y muebles, ordenar zapatos, lavar vegetales, etc. Y si bien es esto es lo que hacen, el contenido lejos de ser peyorativo, revaloriza a las mismas siendo de fundamental importancia para el cuidado del lugar donde conviven varias horas diarias.

En la práctica, observamos que se dificulta explicar el sentido de estas actividades a las familias, y que es menospreciada la importancia de su realización en espacios escolares.

La pregunta que surge es: ¿por qué hay una connotación negativa hacia las actividades  de vida diaria en un ámbito educativo? Si es lo que realizamos cotidianamente en nuestros hogares para poder disfrutarlos plenamente, o para garantizar la comodidad de nuestro espacio.

Lidiar con el mayor gusto o disgusto que puedan generar estas actividades o la elección o imposición de las mismas  es parte del trabajo que tiene que sostener el adulto preparado.

El orden, el aseo o la preparación de una comida, salido de las manos de cada niñ@ genera un sentido de pertenencia del espacio, de los materiales y de la actividad que nada tiene que ver con el imaginario adulto de las tareas domésticas.

Mientras los niños no hayan trabajado a través de las actividades de vida práctica, la concentración, atención, ejercicios inhibitorios del movimiento, orden, dominio de su cuerpo, será en vano invitarlo a ejecutar las actividades que exijan un acto intelectual más complejo, como las que podrían ser las del área sensorial, lengua o matemática.

  1. No enmarcar la pedagogía Montessori en la filosofía Montessori

Este aspecto que planteamos al final, engloba a los anteriores, pero no queremos dejar de mencionarlo en este acotado texto.

Los materiales Montessori fueron creados por la Dra. María Montessori luego de una precisa y metódica observación de las necesidades motrices, intelectuales y emocionales de los niñ@s. Esto es lo estrictamente pedagógico.  Y es un tema que merece un escrito especial, que en este momento no pretendemos abordar.

Este aspecto pedagógico se desarrolla amparado en una mirada filosófica hacia la infancia, que propone Montessori y, que si se pasa por alto, deja desdibujada la propuesta de este trabajo.

Desconocer o menospreciar las necesidades de amor, acompañamiento no invasivo, escucha activa y atenta, atención a las necesidades fisiológicas (orgánicas o emocionales) no prepararse conscientemente como adulto, tener respuestas automáticas o generales ante una situación conflictiva singular, entre otras, nos aleja y desconecta con esta niñez con la que tomamos la responsabilidad de acompañar conscientemente.

Ahora bien, es válido, legítimo e incluso consideramos necesario, participar, invitar y crear espacios cuidados, valiéndose de los materiales y presentaciones montessorianas para llevar a las aulas estrategias pedagógicas y conceptos académicos para facilitar el aprendizaje.

Apropiarnos y servirnos de estas enseñanzas nos dará más herramientas para hacer frente a la diversidad de necesidades que se nos presentan cotidianamente en el trabajo con la infancia.

Tomar nuestro recorrido y experiencia para ponerla a disposición de quien la requiera, enriquecernos académica y espiritualmente, hacernos cada vez más conscientes de no caer en repeticiones sinsentido y aquí me refiero a los abordajes pedagógicos, abrirá el espacio para una conexión emocional con nuestros niñ@s, vital para una crianza cuidada y respetuosa.

Paola Minetti*

Psicóloga. Especialista

en pedagogía Montessori

paola@montessorisarte.com

*Con la colaboración de Pamela Tifni

Lic. En trabajo Social