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El tránsito a un espacio “montessorizado”: sobre los errores que se cometen en el camino.

Asumir el desafío de incorporar estrategias de la pedagogía Montessori a nuestros espacios, nos convoca a realizar una compleja revisión sobre nuestro quehacer diario, identificar respuestas automáticas que frecuentemente tenemos para vincularnos con nuestros niñ@s y estudiar desde los orígenes, es decir, desde los textos de María Montessori, todo lo concerniente a la filosofía montessoriana, será un buen comienzo.

Muchos espacios e instituciones han llegado por diferentes caminos e interrogantes a este punto, que aunque es muy alentador, la decisión exige un trabajo psíquico, intelectual y por supuesto concreto, para llevarlo a cabo. Aunque en este artículo no ahondaremos en este aspecto, se trata fundamentalmente de una filosofía que desborda las aulas.

Aun así, el acercamiento siempre es desde diferentes lugares: ya sea para incorporar herramientas pedagógicas concretas y efectivas, porque consideramos que nuestro quehacer hace agua desde los rincones o las bases, porque lo venimos haciendo desde hace tiempo sin haberlo enmarcado aun en un encuadre teórico o porque por algún motivo, nos resuena desde lo más desconocido de nuestro ser.

El entusiasmo en la implementación, muchas veces hace que se cometan errores que pueden terminar generando frustración, principalmente entre los adultos. Esta situación es común, y la hemos observado en las recorridas por jardines y otras instituciones.

Es por esto que tuvimos la inquietud de escribir sobre este tema, ya que al poner la lupa en estos “errores”, se despejarán conceptos y prácticas que ayudarán a bajar las expectativas sobre la “eficacia inmediata” o la “receta mágica”, hacer foco en lo fundamental, alentar a reparar y seguir adelante.

Hemos concentrado en este texto 3 de los errores más frecuentes que se comenten al inicio de este camino:

  1. El contenido de la filosofía queda relegado por la estética del ambiente.

El “ambiente preparado” es cautivadoramente bello, pero no es sólo esto.  No se trata de bajar los muebles y pintarlos de blanco, verlo desde esta óptica sería lineal y reduccionista.

El ambiente preparado es esa belleza y mucho más aún.  Es enfocar los cambios físicos del espacio al cuidado emocional y respetuoso de los niñ@s. El orden establecido llama a la exploración, invita al conocimiento a merced de una experiencia sensorial, y así, cuando resulte propicio, el aprendizaje acontece.

Ofrecerles a los niñ@s un ambiente, donde puedan moverse con espontaneidad, transmite la seguridad de poder decidir por ejemplo, trabajar en el piso o sobre una mesa, o dónde transportar una silla o un objeto de vidrio, muestra en acto, la confianza que debemos tener siempre en ell@s.

No obstante, no olvidarnos que el objetivo del adulto dentro del ambiente es llegar a ser solo uno más, dedicarse a la observación para acompañar a cada un@ en sus necesidades inmediatas y de desarrollo.

  1. Desestimar la importancia del Área Vida Práctica.

Las actividades de esta área son equiparadas en el imaginario popular a las tareas domésticas: barrer, lavar platos, sacar polvo de objetos y muebles, ordenar zapatos, lavar vegetales, etc. Y si bien es esto es lo que hacen, el contenido lejos de ser peyorativo, revaloriza a las mismas siendo de fundamental importancia para el cuidado del lugar donde conviven varias horas diarias.

En la práctica, observamos que se dificulta explicar el sentido de estas actividades a las familias, y que es menospreciada la importancia de su realización en espacios escolares.

La pregunta que surge es: ¿por qué hay una connotación negativa hacia las actividades  de vida diaria en un ámbito educativo? Si es lo que realizamos cotidianamente en nuestros hogares para poder disfrutarlos plenamente, o para garantizar la comodidad de nuestro espacio.

Lidiar con el mayor gusto o disgusto que puedan generar estas actividades o la elección o imposición de las mismas  es parte del trabajo que tiene que sostener el adulto preparado.

El orden, el aseo o la preparación de una comida, salido de las manos de cada niñ@ genera un sentido de pertenencia del espacio, de los materiales y de la actividad que nada tiene que ver con el imaginario adulto de las tareas domésticas.

Mientras los niños no hayan trabajado a través de las actividades de vida práctica, la concentración, atención, ejercicios inhibitorios del movimiento, orden, dominio de su cuerpo, será en vano invitarlo a ejecutar las actividades que exijan un acto intelectual más complejo, como las que podrían ser las del área sensorial, lengua o matemática.

  1. No enmarcar la pedagogía Montessori en la filosofía Montessori

Este aspecto que planteamos al final, engloba a los anteriores, pero no queremos dejar de mencionarlo en este acotado texto.

Los materiales Montessori fueron creados por la Dra. María Montessori luego de una precisa y metódica observación de las necesidades motrices, intelectuales y emocionales de los niñ@s. Esto es lo estrictamente pedagógico.  Y es un tema que merece un escrito especial, que en este momento no pretendemos abordar.

Este aspecto pedagógico se desarrolla amparado en una mirada filosófica hacia la infancia, que propone Montessori y, que si se pasa por alto, deja desdibujada la propuesta de este trabajo.

Desconocer o menospreciar las necesidades de amor, acompañamiento no invasivo, escucha activa y atenta, atención a las necesidades fisiológicas (orgánicas o emocionales) no prepararse conscientemente como adulto, tener respuestas automáticas o generales ante una situación conflictiva singular, entre otras, nos aleja y desconecta con esta niñez con la que tomamos la responsabilidad de acompañar conscientemente.

Ahora bien, es válido, legítimo e incluso consideramos necesario, participar, invitar y crear espacios cuidados, valiéndose de los materiales y presentaciones montessorianas para llevar a las aulas estrategias pedagógicas y conceptos académicos para facilitar el aprendizaje.

Apropiarnos y servirnos de estas enseñanzas nos dará más herramientas para hacer frente a la diversidad de necesidades que se nos presentan cotidianamente en el trabajo con la infancia.

Tomar nuestro recorrido y experiencia para ponerla a disposición de quien la requiera, enriquecernos académica y espiritualmente, hacernos cada vez más conscientes de no caer en repeticiones sinsentido y aquí me refiero a los abordajes pedagógicos, abrirá el espacio para una conexión emocional con nuestros niñ@s, vital para una crianza cuidada y respetuosa.

Paola Minetti*

Psicóloga. Especialista

en pedagogía Montessori

paola@montessorisarte.com

*Con la colaboración de Pamela Tifni

Lic. En trabajo Social

Cuando no saber da placer…

Cuando no saber da placer…

Una vez mi hija me contó que su maestra de segundo grado en la escuela le decía “la Preguntona”, y si bien en mi interior me sentí contenta, sabiendo que mi niña se daba el lugar de preguntar, supe que la intención de la maestra no era la de valorarla, sino, mostrar que estaba molestando con sus interrogantes…

Verbal o mentalmente los niños y niñas están continuamente haciendo y haciéndose preguntas. Intentando, de esta manera, entender u obtener respuestas a lo nuevo o a lo que contradice lo que ya saben.

Paralelamente y a otro ritmo, los adultos hacemos lo mismo. En el vínculo con ellos, muchas veces damos por hecho que ya tienen cierto conocimiento  o explicamos sin chequear si eso de lo que hablamos lo saben o no.

El correr del tiempo y nuestro paso por instituciones (en especial por las educativas) nos hizo centrar en el valor de dar respuestas correctas y se menosprecia la pregunta, que pone al quien no sabe en un lugar peyorativo.

Así sucede, que gradualmente y sin intención, los niños se van adaptando a este “mandato” y van perdiendo su capacidad innata de interrogarse e interrogar. Del disfrute de formular preguntas. Se van convirtiendo en un depósito de respuestas y con estas construyen su forma de ver el mundo, que no es más que la forma en la que lo vio el otro.

Que esto sucede en la escuela (sin generalizar), no es una novedad. Y en cierto modo, que los niños puedan entender este funcionamiento y adaptarse al mismo es una buena estrategia para seguir adelante.

¿Pero en casa? ¿Cómo nos manejamos como padres/madres ante la insistente habilidad de preguntar de nuestros hijos/as?

¿Cuánto enlatado de respuestas les damos? ¿cuánto deseamos y hacemos por el desarrollo del pensamiento autónomo? ¿cuánto tiempo le dedicamos a preguntar acerca de sus preguntas?

Repreguntar, acompañarlos a que encuentren su propia respuesta, construir su propio saber.

A hacer preguntas se aprende, lo aprendimos nosotros también. Y depende de las preguntas que formulemos, podemos abrir mundos o quedarnos en espacios estancos. ¿Será que aumentando nuestra capacidad de preguntar el proceso de búsqueda de respuestas se hace más interesante?

¿Será que las respuestas se vuelven más autónomas e independientes, y tienen que ver más con cada uno de nosotros?

¿Cómo podemos hacer los padres/madres  para ayudar a que nuestros hijos e hijas no pierdan la conexión con el placer de preguntar?

Crear un clima agradable para transitar el no saber. Reconocer la propia ignorancia, lo “normal” de la duda, mostrar distintos puntos de vista, no hacer juicios de valor, incentivar debates y discusiones respetuosas, mostrar distintos puntos de vistas, buscar fuentes diversas.

Si buscamos formar niños y niñas con pensamiento autónomo, creativo, independiente, necesitamos propiciar espacios donde sea fundamental el planteo de interrogantes. Cuidado, contención, amor, a esa capacidad innata para que no se marchite ni se pierda, ni se enmascare con certezas y seguridades que la cultura pide.

 

Pamela Tifni

Una experiencia sobre el acto reparador del juego libre: “el gato”

Una experiencia sobre el acto reparador del juego libre: “el gato”

Cuando nos desconectamos de nuestros hijos, frecuentemente por las urgencias de lo cotidiano dejamos de atender lo importante, que es estar presente de cuerpo y alma con nuestros niños.

Les contaré aquí una experiencia personal, que me enseñó a detectar a tiempo cuando estoy dejando de mirar a mi niña. Espero, les sirva a ustedes también, a mirar con agudeza pura a sus hijos y alumnos.

Ella tuvo una unos días fatales, de demanda extrema de juego, atención y pedidos. Las rabietas eran frecuentes y las “negociaciones” que le proponía fueron inviables. Apelé a todas y cada una de las técnicas aprendidas por mi profesión, pero no había nada que me funcionara para sacar a N. de ese lugar de malestar.

La frutilla del postre fue una noche que mi marido debía salir y ella hizo literalmente un piquete en la puerta para evitar su partida, entre las cosas que dijo fue “no me quiero quedar con mamá”. Me pegó, sin saberlo, donde duele de verdad, hondo y hasta los huesos.

En ese momento, y pasado el caos, la invité a jugar. Dejé de racionalizar y jugamos, jugamos de verdad.

Los últimos momentos exclusivos que habíamos tenido esa semana habían sido muy cortos, interrumpidos y yo con mi teléfono en la mano porque fue un mes de muchísimo trabajo.

Así fue, solté la compu, el teléfono, no miré el desorden habitualmente descomunal que hay en casa y me solté a jugar.

Ella propone que juguemos a que yo era veterinaria y encontraba un gato abandonado en la calle (ya van viendo ustedes que era lo que ella sentía).

                  __Oh… Michi ¿Qué te paso? Vení yo te voy a llevar a mi casa para cuidarte. Dije, mientras la alzaba del piso, ella ya con su personaje en escena y en cuatro patas.

Ahí mismo se produjo la primera interrupción de la escena de la apuntadora/directora, indicándome el rumbo sobre cómo debía seguir la obra:

                  __¿Querés que además de abandonado el Michi estaba lastimado, lo había atropellado un auto, tenía hambre y sangraba?Sin pensarlo, acepté el trágico rumbo que debía tomar la historia.

Fue así que llevé al Michi malherido a mi consultorio (en su habitación), lo recosté sobre la camilla (su cama) tome el instrumental de Juliana veterinaria y comencé con las curaciones.

Muy por el contrario a cómo actuaría un gato en la veterinaria, este Michi aceptaba muy bien todas las curaciones que le hacía. Tomó la medicación, se dejó anestesiar y hasta suturar. El gato, además de reponerse por la atención brindada, se reparaba su alma y junto a él, yo misma.

Con las lesiones ya atendidas, tomé en brazos al Michi y le dije que lo quería con toda mi alma, que a veces por mi exigencia en el trabajo sacaba mucho tiempo con el que quería compartir con él. Y que aunque yo tenga mucho trabajo, no debería quitarle tiempo al juego con él.

En ese relato, el gato, ronroneaba, sobaba su cabeza en mi brazo y con una sonrisa de alivio y conexión se relajaba, me abrazaba y me besaba, así como besan y abrazan las niñas de 5 años.

El juego continuó. Y el gato, a escondidas de su dueña, comenzó a hablar. Hasta que la veterinaria le dice:

__Michi ¿vos hablaste? El michi responde con un afirmativo: __Miau. Acompañado con el correspondiente movimiento de cabeza.

Fue así que el gato, comenzó a tener características humanas: habló, luego comenzó a caminar en dos patas, hasta que se convirtió en una nena.

“La tengo de vuelta” pensé. Ella estaba sanando el dolor que sintió por la poca presencia activa de su madre en esos días. Y yo, volvía a encontrarme con mi parte más salvaje y menos racional, maternar sin juicios, sin expectativas, sin prisas y a nuestro ritmo. Con amor del puro, del auténtico, único como el nuestro, sin vicios o contaminaciones.

Pues permítanme contarles el final del juego, que la verdad no tiene desperdicio. Vuelve la apuntadora/directora de la obra y me dice:

__¿Querés que yo te daba un beso y vos te convertías en el gato abandonado y yo en la veterinaria que te rescataba?

¡Si! Ella toma el control, se sintió segura, y como debe ser, me tiro la pelota a mí, quien debía reparase ahora era yo, no ella, como siempre debió ser.

MONTESSORISARTE Y LOS CONCEPTOS DE EDUCACIÓN

Contarles que estamos muy contentos con la respuesta y aprobación de nuestros talleres es poco, estamos felices de saber que el interés por esta pedagogía y filosofía es un hecho y que pronto muchos espacios se estarán sumando. Nuestro compromiso ahora y siempre es mantener y mejorar la calidad humana y académica.

Cómo ustedes sabrán, esto no se logra improvisada y repentinamente. Desde hace mucho tiempo, venimos trabajando en este sentido, sin saber por cierto, que por diferentes recorridos nos estábamos preparando para formar MontessorisArte.

Uno de los aspectos fundantes que dieron lugar a este especio, es brindar generosamente lo que sabemos y tenemos y por otra parte, recibir de nuestra gente todo lo que traen. Parece obvio, pero en la práctica no lo es tanto.

Hoy con algunos pocos encuentros que hemos realizado como MontessorisArte, podemos decir que nos hemos capitalizado enormemente en este intercambio, y tal como María Montessori planteó hace ya más de 100 años, la educación no es una mera transmisión de conocimientos. La educación es provocar e interpelar siempre.

La educación está viva y nos empuja a desafiarnos constantemente, a crear, a realizar otras conexiones que anima a los pensamientos nuevos, creativos, revolucionarios y críticos. Quedarnos estancos en la ortodoxia que frecuentemente vemos, nos deja tranquilos, cubiertos de los peligros y riesgos de la incertidumbre, que siempre amenazante, nos detiene.

Los pensamientos quietos y encriptados, envejecen y nos alejan de lo más importante, la mirada despierta y la escucha atenta y conciente del niño.

Este punto nos ha brindado libertad y soberanía en la confección de los programas y sus destinatarios.

La respuesta, el entusiasmo, la devolución de nuestra gente nos indica que sí, que nos estamos acercando a nuestro objetivo inicial y es que los talleres sirvan de disparadores de ideas, de comenzar a introducirnos en una lógica de pensamiento filosóficamente montessoriana y que por sobre todas las cosas, miremos respetuosamente a nuestros niños.

Ante la pregunta sobre los aspectos fundamentales de la filosofía Montessori decimos:

  • Respetar sus tiempos e intereses.
  • Satisfacer sus necesidades fisiológicas. Aquí nos referimos a las necesidades del cuerpo ya sean de amor o biológicamente determinadas.
  • Interpretar desde nuestra más profunda necesidad de conexión, su llanto.
  • El abrazo reparador ante la frustración o el desconsuelo.
  • La escucha activa y presente.
  • La disposición plena y a tiempo.
  • El destierro de la culpa y la amenaza como medio coercitivo y mentirosamente disciplinario.
  • La erradicación de espacios competitivos falsamente ofrecidos como sanos.
  • Correrse definitivamente del adultocentrismo.
  • Mirarnos e identificar nuestras propias experiencias irrespetuosas de la infancia para no repetirlas con nuestros hijos o alumnos.

Como ven, el equipo de materiales queda en segundo plano

Aun así insistimos en las preguntas y cuestionamos la práctica:

¿Por qué negar o mezquinar estos conocimientos sobre el uso de los materiales cuando tanto interés despiertan?

¿Por qué se cuestiona compartir el valioso aporte netamente pedagógico que ha hecho Montessori a la educación?

¿Cuál es la razón por la cual un docente no pueda usar estas herramientas con sus alumnos?

Estas preguntas no están pensadas para ser respondidas linealmente, son, claro, una forma más de provocar, una invitación a la reflexión.

En el recorte y el retaceo de los saberes montessorianos encontramos un aspecto al menos discutible, y es la idea de exclusividad que subyace,  perpetuando así el mito de la exclusión en esta pedagogía.

Entramos en un tema incómodo y delicado, pero solo para mencionar que realmente es un mito, los invito a investigar espacios montessorianos que se han generado de manera autogestionada, solo con el deseo, las ganas y el trabajo de un grupo de gente que está segura de la necesidad de ofrecer un espacio respetuoso a sus niños.

Nos preguntamos porqué un niño que no comprende matemática según los métodos que se usan en las escuelas “tradicionales”, su maestra, en este caso ¿tiene vedada la posibilidad de apelar a los materiales Montessori?

En MontessorisArte, no compartimos en absoluto esa mirada. Por eso, nuestros talleres introductorios: para toda aquella gente que se interesa por el tema, le apasiona la docencia, respeta las infancias y quiere conocer otras formas de abordaje pedagógico.

Elegimos el retorno de nuestras alumnas y asistentes a talleres que se van entusiasmadas y nos envían fotos y comentarios con las inspiraciones que se llevaron de nuestro espacio. Sumamos, aportamos y contribuimos con real compromiso a que Montessori sea una opción más de abordaje.

Sabemos sobradamente, de los cientos de niños que se benefician con docentes inspiradas, activas, motivadas y con herramientas reales y eficaces para poder trabajar frente a su sala.

Acompañamos a docentes y padres que buscan otras formas de brindar guía y asistencia, diferente a la que conocen por tradición o transmisión verticalista de conocimientos. Ahí, justo ahí nos encontramos, sin respuestas absolutas, pero con la convicción que cualquier niño puede beneficiarse con al menos la comprensión de matemática o más aun, contar con un adulto testigo que lo arrope, escuche y comprenda el porqué de su malestar y valide legítimamente su reclamo de amor, seguridad y guía.

Las invitamos, lean todos los autores y páginas que les resuene, armen su recorrido, desarmen y vuelvan a construir su saber, tomen lo que les sirve para su espacio. Pero jamás dejen de “seguir al niño”.

 

 

Sugerencias para el manejo de la disciplina dentro del salón

Este artículo, lo escribí ya hace muchos años, ahora que lo leo, mantiene aun su actualidad, por eso se los comparto. Está pensado para el manejo de la disciplina dentro de un salón Montessori. De todos modos, hay ideas que pueden ser fácilmente aplicables a escuelas no Montessori e incluso en los hogares. Es un texto que no presenta complejidad y hay mucho para profundizar. Se los dejo, me avisan que tema les interesa ampliar.

  • El niño debe tener un vínculo afectivo con la profesora para que la tome como un adulto válido, así, lo que tenga para decir, será escuchado.
  • La maestra debe brindarle apoyo, seguridad y guía al niño.
  • La maestra debe conocer exactamente cuáles son los intereses académicos y de actividades del niño para proponérselo cuando el niño está aburrido y comenzó a intranquilizarse.
  • Conocer actividades de movimiento para los niños más inquietos (laberinto con las barras rojas sensoriales, trabajos en la línea como: caminar con objetos, saltar dentro y afuera, caminar como algunos animales, llevar silla, bandeja y mesas).
  • Conocer actividades de relajación para aplicar después de las de movimiento e introducir el material (yoga, lectura de cuentos).
  • Identificar situaciones previas que pueden generar peleas, tales como: _Discusiones por la posesión de un material _Miradas desafiantes entre compañeros _Varios reclamos de intervención hacia la maestra para la mediación entre determinados niños. Este es el momento de intervención para la prevención. En estos casos: _recordar las reglas del salón y las del uso de los materiales. _Proponer otra actividad a uno de los niños que sepamos le pueda interesar _Para los niños más inquietos proponer actividades de movimiento “inteligente” es decir, que el movimiento tenga una utilidad (lavar el piso, barrer, despolvar, el laberinto, ordenar los zapatos).
  • Marcar con claridad que vamos a cumplir las reglas. Antes de esto, trabajar de manera grupal dos o tres reglas del salón que sean importantes recordar. Ya escribiré de manera más detallada sobre este punto. Lo ideal es no establecer un gran número de reglas.
  • Las actividades de Vida Práctica son las más adecuadas para el manejo y acompañamiento de la autodisciplina.
  • Retirar el material a un niño después de la segunda o tercera advertencia sobre su mal uso (golpearlo, morderlo, dañándolo intencionalmente). Proponer otra actividad de menor complejidad ya sea en lo motor y en lo intelectual pero que el niño domine y esté preparado para realizarla. Muchas veces el intento de destrucción es por la frustración que genera no poder dominarlo.
  • En casos extremos, como golpear a un compañero intencionalmente o varias advertencias del mal uso del material, se lo o los puede invitar a usar “la mesa de la paz”. Hermosa intervención, a veces se necesita mediación de un adulto y otras ya no.
  • En caso de peleas o crisis graves hacer ejercicios de empatía con el niño y expresarles que: “entiende que se sienta enojado pero que hay reacciones que no podemos tener dentro del salón” “que nosotros lo vamos a ayudar a aprender a controlarse” “que puede contar con nosotros si necesita ayuda”. Es importante abrazar al niño si es que lo necesita. Hacer seguimiento toda la semana preguntándole cómo se siente y si necesita algo.
  • Cuando hay varios casos de indisciplina dentro del salón no podemos abarcar todos los casos juntos, debemos elegir cuál es el que necesita atención más urgente.
  • Una vez detectado el caso, trabajaremos intensamente ahí, por el lapso de 1 semana o 10 días. Durante ese periodo nos ocuparemos sin que el niño lo advierta, sin dejar pasar por alto ninguna regla del salón: _ entrar la silla, _no correr, _ llevar el material adecuadamente con las dos manos, _ colocar el material exactamente dónde corresponde, _jamás podrá usar el material que no se le haya presentado, _presentarles materiales, tantos cómo sea capaz de recibir y que sean de su mayor interés. Seremos prácticamente su sombra. Una vez regularizada la situación con ese niño, comenzaremos con el próximo que necesite nuestra atención.

Paola Minetti

Psicóloga

Especialista en Pedagogía Montessori

EL AMBIENTE PREPARADO MONTESSORI “¿SOLO MUEBLES BONITOS Y PEQUEÑOS?”

 

Una de mis mayores intrigas desde que comencé a trabajar y a estudiar esta filosofía es ¿qué es lo que se presenta tan enigmático dentro de esta pedagogía que despierta tantas pasiones? Sin duda, la belleza de los ambientes Montessori genera un impacto visual que nos deja atónitos y pensando “algo bueno o diferente debe suceder aquí”.

En el recorrido de la carrera he podido evaluar unos cuantos factores, que van desde los aspectos pedagógicos hasta los abordajes institucionales que se realizan del método.

El tema es tanto más infinito como apasionante. Aun así, creo que el más rico aporte es volver al origen y releer tantas veces como sea necesario, los textos de Montessori. Ahí es donde radica el mayor de los “secretos”. Claro, en Argentina, aún no sabemos exactamente bien porqué prácticamente son muy pocos los títulos a los que se pueden acceder.

De todos modos, y retomando el tema, quiero yo también hablar de la importancia de un ambiente preparado. Este concepto, que tanto se ha popularizado y que tantos artículos circulan por internet, es más, mucho más que mantener un espacio cuidado, bonito y con los objetos necesarios que el niño utiliza a su alcance. La liviandad con la que a veces su emplea el concepto, se ha facilitado de tal manera, que a veces dudo, si raya la moda y se acerca a lo banal.

La idea de esta estética es principalmente el cuidado, pero hablo aquí del cuidado emocional del niño. Que nunca se menciona en los innumerables artículos sobre ambientes preparados que he leído.

Que el niño sepa y pueda tener libertad de movimiento, le permitirá adquirir confianza en el espacio y como consecuencia directa, de sí mismo. Sin ir más lejos, pensémonos nosotros, como adultos, nos desenvolvemos en armonía en ambientes o grupos conocidos, en los que podemos predecir de alguna manera lo que sucederá. Eso nos brinda comodidad y espontaneidad. Habiendo una vez vivido esta experiencia, sí podremos dar un paso hacia lugares menos conocidos.

Que el niño se sepa capaz de acceder y utilizar objetos, a los cuales los adultos reservamos para nuestro uso, con el cuidado y la responsabilidad que requiere por ejemplo, manipular vidrio o usar elementos con filo, en ese acto le estamos diciendo que confiamos en él, que sabemos que podrá hacerlo.

No solo le estamos garantizando nuestra confianza en acto, sino que además le ayudará a adquirir precisión del movimiento, entrenar su motricidad, construir a nivel psicológico su esquema corporal.

Esto es, solo por mencionar algunos de los beneficios del ambiente preparado, pero lo que me interesa destacar aquí, es el paralelismo que hay por ejemplo entre ofrecer al niño una silla que pueda transportar por sus propios medios y el sostén emocional que existe detrás de ese acto, la confianza que le estamos ofreciendo. Y este sí efectivamente es el punto, la confianza, es el mejor “regalo” que le podemos dar a nuestros niños.

Comentarios tales como “te dije que no subas…” “¿viste? Te dije” “te vas a caer” “me cansaste” “me avergüenza ese comportamiento” “no te va a querer nadie”, frases tan comunes y que se expresan automáticamente que se naturalizan sin medir el daño que estamos causando a corto y mediano plazo. Son frases de mucho peso, que calan hondo y sumergen al niño en aguas oscuras de confusiones e inseguridades, que luego cuando mayores, no logran identificar su verdadero ser, dudan de lo que sienten y piensan. Solicitan la mal o bienintencionada aprobación por parte de otro pero siempre parcial y externa. Han escuchado tantas veces, que “no pueden solos” que es muy difícil salir de esas afirmaciones sin ayuda.

“Criemos niños que no deban recuperarse de su infancia” En eso estamos, aquí. Nuestro primer paso es sincerarnos como adultos y tomar conciencia de la distancia que estamos creando entre nosotros y nuestros niños y más aún, entre ese niño y su ser más genuino.

Por eso insisto e invito, a que el ambiente preparado, trascienda el mobiliario. Que podamos sostener esta bella propuesta desde un contacto emocional, verdadero y consciente. Esta alianza, entre el posibilitar y el confiar, solo llegará a ser válida y abrazarlos, si los adultos que estamos mirando somos conscientes de este maravilloso proceso y lo respetamos tal y como se nos presenta, la naturaleza del niño es el amor, ahí hay límites y reconocimiento propio, paz sin condiciones, autenticidad sin máscaras.

Viajar con niños: una explosión de sensaciones

Desde el minuto cero ella se prepara para recibir el aluvión de información que le llegará sin que nadie se lo cuente. Sabe que el viaje será largo y que cada estación puede ser una aventura diferente, siempre con la compañía de mamá y papá.

Los adultos, debemos también prepararnos para ello, acompañar el proceso de integración de la información es un ejercicio que requiere de comprensión y mucha paciencia.

Aunque resulta de una inusitada comicidad, si es que el adulto puede así leerlo.

Los interrogantes de los niños expuestos a situaciones nuevas, se abren como una fuente infinita de preguntas que debemos responder al menos con un “no sé, pero te puedo ayudar a averiguarlo”.

Lo verdaderamente llamativo no son las preguntas en sí, que de hecho estamos muy acostumbrados a ello quienes convivimos a diario con niños. Sino que su formulación connota la necesidad de una validez científica que parece aprendida, pero en verdad no lo es. Los niños necesitan confirmar por diferentes fuentes que la información que están recibiendo no es un engaño de sus sentidos o en su defecto, un invento de la madre:

– ¿Por qué esa escalera mecánica no funciona?

– No sé, la estarán arreglando…

– ¿Cómo sabés?

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– ¿Cómo ve el capitán si están las nubes?

– Creo que se orienta por las ondas de los radares.

– ¿Qué es un radar? ¿Qué es una onda?

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– ¿Cuándo llegamos a Alemania?

– Ya estamos aquí, solo falta que el avión aterrice

– ¿Cómo sabés?

Aquí vemos que el “¿Cómo sabes?” A veces lleva al punto de una especificidad en el conocimiento, que no soporta fácilmente un “no sé” como respuesta.

Ya lo decía María Montessori, la forma de adquisición del conocimiento del niño es la misma que la de un científico, desde la observación de los detalles más minuciosos e imperceptibles, pasando por la formulación de la pregunta, la necesidad de experimentarlo (a través de sus sentidos) y luego confirmarlo por diferentes fuentes.

Sepan, mis queridos adultos, que esta pureza en la mirada de la observación de los hechos, sólo la podemos poseer en la infancia. Así, sin contaminación, es la observación cristalina, amplia y sin prejuicios, genuina, auténtica como ninguna.

Entiendo que frecuentemente requiere alta complejidad, intentar responder de manera sencilla y con leguaje comprensible para un niño, los desopilantes cuestionarios a los que nos “someten”.

Aun así, es de una legitimidad de tanta importancia como lo es mantener encendida la llama de la curiosidad, cimiento del conocimiento y el aprendizaje.

¡Todos los sentidos al servicio de la Mente Absorbente del Niño! Nuevos escenarios, olores, texturas, nuevas lenguas o acentos en la lengua, transportan a este pequeño e incesante investigador nato en un sabio conocedor.

 

Para acompañar este proceso de integración de la información recomiendo:

  • Responder sin fantasías muy extravagantes o mentiras, siempre la respuesta debe ser lo más cercana a la realidad que esté dentro de la capacidad de comprensión del niño.
  • A más sensatez y coherencia con su realidad, más satisfacción en la respuesta.
  • Dejar abierta la posibilidad de seguir investigando sobre el tema.
  • Tener siempre en claro que la reiteración o la insistencia es parte del proceso de integración, no lo hacen de esta manera para “complejizarnos el día”.
  • Ser honestos con la respuesta y en caso de no conocerla, decírselo francamente y ofrecerles nuestra ayuda para investigar: preguntarle a un amigo o integrante de la familia que pueda conocer sobre el tema, buscar algún libro, internet, acercarnos a un centro de información específica, etc.

Nunca debemos:

  • Desvalorizar o reírnos del tema o la pregunta. Si nos causa gracia, le debemos comunicar el porqué de la risa.
  • Considerar pavadas los intereses del niño o sus puntos de vista.
  • Responder con silencio.
  • Decirles que ya estamos cansados por tantas preguntas, que cuando sea grande lo va a entender.
  • Solicitarles un tajante “Basta de preguntas por favor”.

Tampoco deberíamos darles más información de la que están solicitando, ya que no es lo que necesitan en ese momento.

Recuerdo que en este último viaje, yo, ya cansada de responder a varias preguntas consecutivas un triste “No sé” Le dije a mi hija:

”La parte del adentro del avión se llama cabina y la de afuera fuselaje”

Esperando claro, haber “impresionado” la incorporación de esta nueva palabra: fuselaje. A lo que ella responde sin medir la desilusión que me causaría:

Pero si yo no te pregunté mami.

Claramente, mi ansiedad y saturación de “no saber” me jugó una mala pasada. Esa es mi necesidad de dar respuesta, no su necesidad de conocer. Reparen cómo en tantas ocasiones atropellamos por torpeza, desconocimiento, las necesidades del niño.

Espero les sea de utilidad este artículo, lo escribí durante el mismo viaje. Cada experiencia de estas es diferente, soy testigo necesaria de su crecimiento, madurez y complejización del sus pensamientos.

¡Amo esta función de mamá!