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Sugerencias para el manejo de la disciplina dentro del salón

Este artículo, lo escribí ya hace muchos años, ahora que lo leo, mantiene aun su actualidad, por eso se los comparto. Está pensado para el manejo de la disciplina dentro de un salón Montessori. De todos modos, hay ideas que pueden ser fácilmente aplicables a escuelas no Montessori e incluso en los hogares. Es un texto que no presenta complejidad y hay mucho para profundizar. Se los dejo, me avisan que tema les interesa ampliar.

  • El niño debe tener un vínculo afectivo con la profesora para que la tome como un adulto válido, así, lo que tenga para decir, será escuchado.
  • La maestra debe brindarle apoyo, seguridad y guía al niño.
  • La maestra debe conocer exactamente cuáles son los intereses académicos y de actividades del niño para proponérselo cuando el niño está aburrido y comenzó a intranquilizarse.
  • Conocer actividades de movimiento para los niños más inquietos (laberinto con las barras rojas sensoriales, trabajos en la línea como: caminar con objetos, saltar dentro y afuera, caminar como algunos animales, llevar silla, bandeja y mesas).
  • Conocer actividades de relajación para aplicar después de las de movimiento e introducir el material (yoga, lectura de cuentos).
  • Identificar situaciones previas que pueden generar peleas, tales como: _Discusiones por la posesión de un material _Miradas desafiantes entre compañeros _Varios reclamos de intervención hacia la maestra para la mediación entre determinados niños. Este es el momento de intervención para la prevención. En estos casos: _recordar las reglas del salón y las del uso de los materiales. _Proponer otra actividad a uno de los niños que sepamos le pueda interesar _Para los niños más inquietos proponer actividades de movimiento “inteligente” es decir, que el movimiento tenga una utilidad (lavar el piso, barrer, despolvar, el laberinto, ordenar los zapatos).
  • Marcar con claridad que vamos a cumplir las reglas. Antes de esto, trabajar de manera grupal dos o tres reglas del salón que sean importantes recordar. Ya escribiré de manera más detallada sobre este punto. Lo ideal es no establecer un gran número de reglas.
  • Las actividades de Vida Práctica son las más adecuadas para el manejo y acompañamiento de la autodisciplina.
  • Retirar el material a un niño después de la segunda o tercera advertencia sobre su mal uso (golpearlo, morderlo, dañándolo intencionalmente). Proponer otra actividad de menor complejidad ya sea en lo motor y en lo intelectual pero que el niño domine y esté preparado para realizarla. Muchas veces el intento de destrucción es por la frustración que genera no poder dominarlo.
  • En casos extremos, como golpear a un compañero intencionalmente o varias advertencias del mal uso del material, se lo o los puede invitar a usar “la mesa de la paz”. Hermosa intervención, a veces se necesita mediación de un adulto y otras ya no.
  • En caso de peleas o crisis graves hacer ejercicios de empatía con el niño y expresarles que: “entiende que se sienta enojado pero que hay reacciones que no podemos tener dentro del salón” “que nosotros lo vamos a ayudar a aprender a controlarse” “que puede contar con nosotros si necesita ayuda”. Es importante abrazar al niño si es que lo necesita. Hacer seguimiento toda la semana preguntándole cómo se siente y si necesita algo.
  • Cuando hay varios casos de indisciplina dentro del salón no podemos abarcar todos los casos juntos, debemos elegir cuál es el que necesita atención más urgente.
  • Una vez detectado el caso, trabajaremos intensamente ahí, por el lapso de 1 semana o 10 días. Durante ese periodo nos ocuparemos sin que el niño lo advierta, sin dejar pasar por alto ninguna regla del salón: _ entrar la silla, _no correr, _ llevar el material adecuadamente con las dos manos, _ colocar el material exactamente dónde corresponde, _jamás podrá usar el material que no se le haya presentado, _presentarles materiales, tantos cómo sea capaz de recibir y que sean de su mayor interés. Seremos prácticamente su sombra. Una vez regularizada la situación con ese niño, comenzaremos con el próximo que necesite nuestra atención.

Paola Minetti

Psicóloga

Especialista en Pedagogía Montessori

EL AMBIENTE PREPARADO MONTESSORI “¿SOLO MUEBLES BONITOS Y PEQUEÑOS?”

 

Una de mis mayores intrigas desde que comencé a trabajar y a estudiar esta filosofía es ¿qué es lo que se presenta tan enigmático dentro de esta pedagogía que despierta tantas pasiones? Sin duda, la belleza de los ambientes Montessori genera un impacto visual que nos deja atónitos y pensando “algo bueno o diferente debe suceder aquí”.

En el recorrido de la carrera he podido evaluar unos cuantos factores, que van desde los aspectos pedagógicos hasta los abordajes institucionales que se realizan del método.

El tema es tanto más infinito como apasionante. Aun así, creo que el más rico aporte es volver al origen y releer tantas veces como sea necesario, los textos de Montessori. Ahí es donde radica el mayor de los “secretos”. Claro, en Argentina, aún no sabemos exactamente bien porqué prácticamente son muy pocos los títulos a los que se pueden acceder.

De todos modos, y retomando el tema, quiero yo también hablar de la importancia de un ambiente preparado. Este concepto, que tanto se ha popularizado y que tantos artículos circulan por internet, es más, mucho más que mantener un espacio cuidado, bonito y con los objetos necesarios que el niño utiliza a su alcance. La liviandad con la que a veces su emplea el concepto, se ha facilitado de tal manera, que a veces dudo, si raya la moda y se acerca a lo banal.

La idea de esta estética es principalmente el cuidado, pero hablo aquí del cuidado emocional del niño. Que nunca se menciona en los innumerables artículos sobre ambientes preparados que he leído.

Que el niño sepa y pueda tener libertad de movimiento, le permitirá adquirir confianza en el espacio y como consecuencia directa, de sí mismo. Sin ir más lejos, pensémonos nosotros, como adultos, nos desenvolvemos en armonía en ambientes o grupos conocidos, en los que podemos predecir de alguna manera lo que sucederá. Eso nos brinda comodidad y espontaneidad. Habiendo una vez vivido esta experiencia, sí podremos dar un paso hacia lugares menos conocidos.

Que el niño se sepa capaz de acceder y utilizar objetos, a los cuales los adultos reservamos para nuestro uso, con el cuidado y la responsabilidad que requiere por ejemplo, manipular vidrio o usar elementos con filo, en ese acto le estamos diciendo que confiamos en él, que sabemos que podrá hacerlo.

No solo le estamos garantizando nuestra confianza en acto, sino que además le ayudará a adquirir precisión del movimiento, entrenar su motricidad, construir a nivel psicológico su esquema corporal.

Esto es, solo por mencionar algunos de los beneficios del ambiente preparado, pero lo que me interesa destacar aquí, es el paralelismo que hay por ejemplo entre ofrecer al niño una silla que pueda transportar por sus propios medios y el sostén emocional que existe detrás de ese acto, la confianza que le estamos ofreciendo. Y este sí efectivamente es el punto, la confianza, es el mejor “regalo” que le podemos dar a nuestros niños.

Comentarios tales como “te dije que no subas…” “¿viste? Te dije” “te vas a caer” “me cansaste” “me avergüenza ese comportamiento” “no te va a querer nadie”, frases tan comunes y que se expresan automáticamente que se naturalizan sin medir el daño que estamos causando a corto y mediano plazo. Son frases de mucho peso, que calan hondo y sumergen al niño en aguas oscuras de confusiones e inseguridades, que luego cuando mayores, no logran identificar su verdadero ser, dudan de lo que sienten y piensan. Solicitan la mal o bienintencionada aprobación por parte de otro pero siempre parcial y externa. Han escuchado tantas veces, que “no pueden solos” que es muy difícil salir de esas afirmaciones sin ayuda.

“Criemos niños que no deban recuperarse de su infancia” En eso estamos, aquí. Nuestro primer paso es sincerarnos como adultos y tomar conciencia de la distancia que estamos creando entre nosotros y nuestros niños y más aún, entre ese niño y su ser más genuino.

Por eso insisto e invito, a que el ambiente preparado, trascienda el mobiliario. Que podamos sostener esta bella propuesta desde un contacto emocional, verdadero y consciente. Esta alianza, entre el posibilitar y el confiar, solo llegará a ser válida y abrazarlos, si los adultos que estamos mirando somos conscientes de este maravilloso proceso y lo respetamos tal y como se nos presenta, la naturaleza del niño es el amor, ahí hay límites y reconocimiento propio, paz sin condiciones, autenticidad sin máscaras.

Viajar con niños: una explosión de sensaciones

Desde el minuto cero ella se prepara para recibir el aluvión de información que le llegará sin que nadie se lo cuente. Sabe que el viaje será largo y que cada estación puede ser una aventura diferente, siempre con la compañía de mamá y papá.

Los adultos, debemos también prepararnos para ello, acompañar el proceso de integración de la información es un ejercicio que requiere de comprensión y mucha paciencia.

Aunque resulta de una inusitada comicidad, si es que el adulto puede así leerlo.

Los interrogantes de los niños expuestos a situaciones nuevas, se abren como una fuente infinita de preguntas que debemos responder al menos con un “no sé, pero te puedo ayudar a averiguarlo”.

Lo verdaderamente llamativo no son las preguntas en sí, que de hecho estamos muy acostumbrados a ello quienes convivimos a diario con niños. Sino que su formulación connota la necesidad de una validez científica que parece aprendida, pero en verdad no lo es. Los niños necesitan confirmar por diferentes fuentes que la información que están recibiendo no es un engaño de sus sentidos o en su defecto, un invento de la madre:

– ¿Por qué esa escalera mecánica no funciona?

– No sé, la estarán arreglando…

– ¿Cómo sabés?

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– ¿Cómo ve el capitán si están las nubes?

– Creo que se orienta por las ondas de los radares.

– ¿Qué es un radar? ¿Qué es una onda?

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– ¿Cuándo llegamos a Alemania?

– Ya estamos aquí, solo falta que el avión aterrice

– ¿Cómo sabés?

Aquí vemos que el “¿Cómo sabes?” A veces lleva al punto de una especificidad en el conocimiento, que no soporta fácilmente un “no sé” como respuesta.

Ya lo decía María Montessori, la forma de adquisición del conocimiento del niño es la misma que la de un científico, desde la observación de los detalles más minuciosos e imperceptibles, pasando por la formulación de la pregunta, la necesidad de experimentarlo (a través de sus sentidos) y luego confirmarlo por diferentes fuentes.

Sepan, mis queridos adultos, que esta pureza en la mirada de la observación de los hechos, sólo la podemos poseer en la infancia. Así, sin contaminación, es la observación cristalina, amplia y sin prejuicios, genuina, auténtica como ninguna.

Entiendo que frecuentemente requiere alta complejidad, intentar responder de manera sencilla y con leguaje comprensible para un niño, los desopilantes cuestionarios a los que nos “someten”.

Aun así, es de una legitimidad de tanta importancia como lo es mantener encendida la llama de la curiosidad, cimiento del conocimiento y el aprendizaje.

¡Todos los sentidos al servicio de la Mente Absorbente del Niño! Nuevos escenarios, olores, texturas, nuevas lenguas o acentos en la lengua, transportan a este pequeño e incesante investigador nato en un sabio conocedor.

 

Para acompañar este proceso de integración de la información recomiendo:

  • Responder sin fantasías muy extravagantes o mentiras, siempre la respuesta debe ser lo más cercana a la realidad que esté dentro de la capacidad de comprensión del niño.
  • A más sensatez y coherencia con su realidad, más satisfacción en la respuesta.
  • Dejar abierta la posibilidad de seguir investigando sobre el tema.
  • Tener siempre en claro que la reiteración o la insistencia es parte del proceso de integración, no lo hacen de esta manera para “complejizarnos el día”.
  • Ser honestos con la respuesta y en caso de no conocerla, decírselo francamente y ofrecerles nuestra ayuda para investigar: preguntarle a un amigo o integrante de la familia que pueda conocer sobre el tema, buscar algún libro, internet, acercarnos a un centro de información específica, etc.

Nunca debemos:

  • Desvalorizar o reírnos del tema o la pregunta. Si nos causa gracia, le debemos comunicar el porqué de la risa.
  • Considerar pavadas los intereses del niño o sus puntos de vista.
  • Responder con silencio.
  • Decirles que ya estamos cansados por tantas preguntas, que cuando sea grande lo va a entender.
  • Solicitarles un tajante “Basta de preguntas por favor”.

Tampoco deberíamos darles más información de la que están solicitando, ya que no es lo que necesitan en ese momento.

Recuerdo que en este último viaje, yo, ya cansada de responder a varias preguntas consecutivas un triste “No sé” Le dije a mi hija:

”La parte del adentro del avión se llama cabina y la de afuera fuselaje”

Esperando claro, haber “impresionado” la incorporación de esta nueva palabra: fuselaje. A lo que ella responde sin medir la desilusión que me causaría:

Pero si yo no te pregunté mami.

Claramente, mi ansiedad y saturación de “no saber” me jugó una mala pasada. Esa es mi necesidad de dar respuesta, no su necesidad de conocer. Reparen cómo en tantas ocasiones atropellamos por torpeza, desconocimiento, las necesidades del niño.

Espero les sea de utilidad este artículo, lo escribí durante el mismo viaje. Cada experiencia de estas es diferente, soy testigo necesaria de su crecimiento, madurez y complejización del sus pensamientos.

¡Amo esta función de mamá!